LA ARQUEOLOGÍA DEL SABER

Capítulos:

PRIMERA PARTE. Introducción.

SEGUNDA PARTE. Las regularidades discursivas.

Capítulo. I – Las unidades del discurso.

Preparado por: Marcela Herrera. UCSJ

 

En este primer capitulo Foucault pretende estudiar: los conceptos de discontinuidad, de ruptura, de umbral, de límite, de serie, de transformación que le plantean a todo análisis histórico problemas teóricos.

Dichos problemas serán estudiados dentro del campo llamado: la historia de las ideas, o del pensamiento, o de las ciencias, o de los conocimientos.

Para dicho estudio hay que liberarse de todo un juego de nociones que diversifican el tema de la continuidad, tales nociones son:

  1. La tradición: la cual le da un estatuto temporal a un cierto conjunto de fenómenos sucesivos e idénticos, permitiendo repensar la dispersión de la historia y autoriza reducir la diferencia propia de todo comienzo, para remontar sin interrupción en la asignación indefinida del origen.

  2. La noción de influencias: que suministran un soporte a los hechos de trasmisión y de comunicación que ligan a través de la distancia y el tiempo a las unidades definidas como individuos, obras, nociones o teorías. Y dichas nociones son:

    1. Desarrollo y evolución: estas permiten reagrupar una sucesión de acontecimientos dispersos y referirlos a un mismo y único principio organizador, descubriendo en cada comienzo un principio de coherencia y el esbozo de una unidad futura para dominar el tiempo por medio de una relación entre el origen y un término, dichas nociones jamás han sido dadas pero son operantes. Ejemplo: las nociones de “mentalidad” o “espíritu”, que permiten establecer entre los fenómenos simultáneos o sucesivos de una época dada que hacen surgir como principio de unidad y de explicación la soberanía de una conciencia colectiva.

Considera revisar esas síntesis fabricadas o esos agrupamientos que se admiten de ordinario antes de todo examen, para aceptar el no tener que ver por medio de un método, sino poder ver una población de acontecimientos dispersos, dado que hay que inquietarse ante esos cortes o agrupamientos a los cuales nos hemos acostumbrado y que hacen que no estemos seguros del uso de esas distinciones en el mundo de los discursos que es el nuestro, por tal con mayor razón se tiene que analizar el conjunto de enunciados que, en la época de su formulación estaban distribuidos, repartidos y caracterizados de una manera totalmente distinta, por ejemplo: las categorías de “literatura” y “política” que son categorías recientes y por tanto no aplicables a la cultura medieval, ni a una cultura clásica, sino por medio de una hipótesis retrospectiva y por un juego de analogías formales o de semejanzas semánticas.

Estos cortes son: categorías reflexivas, principios de clasificación, reglas normativas, tipos institucionalizados que merecen ser analizados como discursos al lado de los otros con los cuales tienen relaciones complejas, pero que no son caracteres intrínsicos, autóctonos y universalmente reconocibles.

Las unidades definidas que hay que mantener en suspenso y que son las que se nos imponen de manera más inmediata son: el libro y la obra.

En el caso del libro se puede dar una individualización material del libro a pesar de que se le considera que este tiene una unidad material porque este siempre se encuentra envuelto en un sistema de citas de otros libros, de otros textos, de otras frases, como un nudo en una red, así pues la humanidad del libro, incluso entendido como haz de relaciones, no puede ser considerada idéntica, porque por mas que el libro se de cómo un objeto que se tiene bajo la mano, por mas que en ese paralelepípedo que lo encierra, su unidad es variable y relativa, porque no se indica a sí misma sino que se construye a partir de un campo complejo de discursos.

La obra suscita problemas más complejos, dado que una obra es: una suma de textos que pueden ser denotados por el signo de un nombre propio. Esta denotación, no es una función homogénea como lo seria el nombre de un autor, dado que la constitución de una obra completa, o de un opus supone cierto número de elecciones que no es fácil justificar ni aun formular, por ejemplo: “Mallarme”, este no denota o se refiere de la misma manera a los temas ingleses a las traducciones de Edgar Poe, a los poemas o a las respuestas dadas a investigaciones.

Pero si es posible hablar tan fácilmente y sin preguntarse más de la “obra” de un autor, es porque se la supone definida por cierta función de expresión, se admite que debe de haber en ello un nivel en el cual la obra se revela, en todos sus fragmentos. Pero semejante unidad, lejos de darse inmediatamente, está constituida por una operación que es interpretativa, así pues la obra no puede ser considerada no como unidad cierta, ni como unidad inmediata, ni como unidad homogénea.

La ultima precaución que hay que tener en cuenta para poner fuera de circuito las continuidades irreflexivas por la que se organiza de antemano, el discurso que se trata de analizar, es renunciar a dos temas que están ligados el uno con el otro pero que se enfrentan según el orden del discurso y este es: la irrupción de un acontecimiento verdadero: el cual dice que mas allá de todo comienzo aparente hay siempre un origen secreto que no se puede captar del todo en sí mismo. A este tema se refiere otro según el cual todo discurso manifiesto reposaría secretamente sobre un “ya dicho”, y ese “ya dicho” no seria simplemente una frase ya pronunciada, un texto ya escrito, sino un “jamás dicho”, pues supone que a todo lo que al discurso le ocurre formular se encuentra ya articulado en ese semisilencio que le es previo. Así pues el discurso manifestó no es mas que una presencia represiva de lo que no dice, y ese “no dicho” seria un vaciado que mina desde el interior de todo lo que se dice.

Hay que tener en suspenso todas estas formas previas de continuidad y todas esas síntesis que no problematizamos, para sacudir la quietud con la cual se las acepta y mostrar que no se deducen naturalmente, sino que son siempre el efecto de una construcción cuyas reglas se trata de conocer y cuyas justificaciones hay que controlar para definir en que condiciones y en vista de que análisis, ciertos son legítimos y ciertos no. Pues se trata de reconocer que no son lo que se creía a primera vista, sino que exigen una teoría y que esta teoría no puede formularse sin que aparezca en su pureza no sintética, en el campo de los hechos de discurso a partir del cual se los construye.

Y Foucault mismo dice que no hará otra cosa más que tomar como punto de partida, unidades totalmente dadas como la sicopatología, la medicina o la economía política, sin colocarse en el interior de esas unidades dudosas, para estudiar su configuración interna o sus secretas contradicciones, sino que solo se quedara en ellas el tiempo necesario que le lleve preguntarse que unidades forman y con que derecho pueden reivindicar un dominio que las individualiza en el tiempo y no aceptara los conjuntos de la historia le propone mas que para examinarlos, para desenlazarlos y saber si es posible recomponerlos legítimamente y saber si no hay que reconstruir otros con ellos, para llevarlos a un espacio mas general que permita elaborar su teoría.

Así pues una vez suspendidas las formas inmediatas de continuidad, se encuentra liberado todo un dominio, que esta constituido por todo el conjunto de todos los enunciados efectivos, en su dispersión de acontecimientos y en la instancia que le es propia a cada uno, así pues el material que hay que tratar en su neutralidad primera es una multiplicidad de acontecimientos en el espacio del discurso en general, generando el proyecto de una descripción pura de los acontecimientos discursivos como horizonte para la búsqueda de las unidades que en ellos se forman.

Esta descripción se distingue fácilmente del análisis de la lengua que es: un conjuntó finito de reglas que autorizan un numero infinito de pruebas, en cambio el campo de los acontecimientos discursivos es: el conjunto siempre finito y actualmente limitado de las únicas secuencias lingüísticas que han sido formuladas.

La distinción que hay entre el análisis de la lengua y el análisis del discurso, es que la primera para cualquier discurso plantea la pregunta: ¿Según que reglas ha sido construido tal enunciado y, por consiguiente, según que reglas podrían construirse otros enunciados semejantes?, en cambio el segundo genera la pregunta: ¿Cómo es que ha aparecido tal enunciado y ningún otro en su lugar?

Así pues esta descripción del discurso, que hace el análisis del discurso, se opone a la historia del pensamiento, pues el análisis del pensamiento es siempre alegórico en relación con el discurso que utiliza, pues su pregunta es infaliblemente: ¿Qué es, lo que se decía en aquello que era dicho?, en cambio el análisis que hace el campo discursivo es: tratar de captar el enunciado en la estrechez y singularidad de su acontecer, de determinar las condicione de su existencia, de fijar sus limite de la manera mas exacta, de establecer sus correlaciones con los otros enunciados que pueden tener vínculos con él, de mostrar que otras formas de enunciación excluyen, no busca bajo lo manifiesto otro discurso, porque debe mostrar porqué no podía ser otro de lo que era, en que excluye a cualquier otro, cómo ocupa, en medio de los demás y en relación con ellos, un lugar que ningún otro podría ocupar. Y la pregunta a tal análisis es: ¿Cuál es, pues, esa singular existencia, que sale a la luz en lo que se dice, y en ninguna otra parte?

Ahora bien si uno se pregunta para qué puede servir la suspensión de todas las unidades admitidas, si se trata, en total, de recuperar las unidades que se han simulado interrogar en el comienzo. La anulación sistemática de las unidades dadas permite en primer lugar restituir al enunciado su singularidad de acontecimiento, y mostrar que la discontinuidad no es tan sólo uno de esos grandes que son como una falla en la geología de la historia, sino ya en el hecho simple del enunciado, pues un enunciado es: siempre un acontecimiento que ni la lengua ni el sentido pueden agotar por completo.

Si se aísla, con respecto a la lengua y al pensamiento, la instancia del acontecimiento enunciativo, no es para diseminar una polvareda de hechos, es para estar seguro de no referirla a operadores de síntesis que sean puramente psicológicos y poder captar otras formas de regularidad, otros tipo de conexiones. Pues se trata de hacer aparecer en su pureza el espacio en el que se despliegan los acontecimientos discursivos y no tratar de restablecerlo en un aislamiento que no se podría superar, no es encerrarlo sobre sí mismo, es hacerse libre para describir en él y fuera de él juegos de relaciones.

Porque al liberarlos de todos los agrupamientos que se dan por unidades naturales inmediatas y universales, nos damos la posibilidad de describir por un conjunto de decisiones dominadas u otras unidades. Pero no es una interpretación de los hechos enunciativos la que podría sacarlos a la luz, sino el análisis de su coexistencia, de su sucesión, de su funcionamiento mutuo, de su determinación recíproca, de su transformación independiente o correlativa.

Está excluido que se puedan describir sin punto de referencia todas las relaciones que puedan aparecer así, por tanto es preciso aceptar un corte provisional, una región inicial que el análisis altera y reorganiza de ser necesario, ahora bien a esto surge la pregunta de ¿cómo circunscribir esta región? Para esto es preciso elegir empíricamente un dominio en el que las relaciones corren el peligro de ser numerosas, densas y relativamente fáciles de describir, ¿pero como estar seguro de no dejarse engañar por todas las unidades o síntesis poco reflexionadas que se refieren al individuo parlante, al sujeto del discurso, al autor del texto, en una palabra a todas esas categorías antropológicas? Teniendo bien presentes en el espíritu dos hechos: que el análisis de los acontecimientos discursivos no esta limitado en modo alguno a semejante dominio y que, el corte de este mismo dominio no puede considerarse como definitivo, ni como absolutamente valedero, se trata de una primera aproximación que debe permitir que aparezcan relaciones con las que se corre el peligro de borrar los limites de este primer esbozo.

Capítulo V. La formación de los conceptos.

Preparado por: Ana Ruiz Luna. UCSJ

Foucault analizará de manera poco rigurosa cómo es que se forman los conceptos, a través de que condiciones se conservan y modifican o cambian radicalmente. Para llevar a cabo esta tarea tendrá que describir la organización del campo de enunciados en el que aparecen y circulan. Esta organización comprende distintas formas:

- Sucesión: Esto se refiere a los ordenamientos de las inferencias, implicaciones sucesivas y razonamientos demostrativos dados en las series enunciativas. Este orden se refiere a la manera en que los acontecimientos del tiempo están repartidos en la serie lineal de los enunciados.

-Coexistencia: En estas se dibuja un campo de presencia, esto se refiere a la serie de enunciados formulados ya en otra parte y que repiten en un discurso a título de verdad admitida, de premisa necesaria. En este campo las relaciones instauradas pueden ser del orden de la verificación experimental, de la validación lógica, de la repetición pura y simple, de la aceptación justificada por la tradición, etc.

Distinto de este campo de presencia se puede describir también al de concomitancia, esto se refiere a las enunciaciones que atañen a dominios muy distintos del conocimiento, así como de tipos de discurso distintos, pero que se vinculan con los enunciados estudiados. Estos enunciados funcionan como confirmaciones analógicas, principios generales, modelos que pueden ser transferidos a otros contenidos, etc.

El campo enunciativo comprende también un llamado dominio de la memoria, esto se refiere a los enunciados que no son ya ni discutidos ni admitidos, que ya no definen ni un cuerpo de verdades ni un dominio de validez. Respecto a éstos se establecen relaciones de filiación, génesis, transformación, continuidad y discontinuidad histórica.

-Procedimientos de intervención: Estos procedimientos no serán los mismos para todos los tipos de formaciones discursivas. Estos procedimientos se ven manifestados en las técnicas de reescritura, en métodos de transcripción, en los modos de traducción, en la aproximación a los enunciados.

Para Foucault, lo que pertenece propiamente a una formación discursiva y lo que permite delimitar el grupo de conceptos, dispares no obstante, que le son específicos, es la manera en que estos diferentes elementos se hallan en relación los unos con los otros: la manera en que la ordenación de las descripciones está unida a las técnicas de reescritura, la manera en que el campo de memoria está ligado a las formas de jerarquía y de subordinación que rigen los enunciados en un texto; la manera en que están ligados los métodos de aproximación y de desarrollo de los enunciados y los modos de crítica, de comentarios, de interpretación de enunciados ya formulados, etc. Es este haz de relaciones el que constituye un sistema de formación conceptual íntegro.

Es necesario que la aproximación al texto se lleve a cabo desde la distancia, para lograr determinar a través de cuáles esquemas pueden estar ligados los enunciados los unos con los otros. Estos esquemas permiten describir la manera en que los conceptos se dispersan de manera anónima a los largo de los textos. Semejante análisis implica ya un nivel preconceptual, al campo en que los conceptos pueden coexistir y a las reglas en que está sometido en determinado campo. Este nivel preconceptual no remite un a un horizonte de pura idealidad ni a una génesis empírica de las abstracciones. No es un a priori inagotable, sino que se plantea en el mismo nivel del discurso.

Lo preconceptual, descrito así, se mantiene en un lugar superficial en la historia, en vez de presentarse como fondo histórico.

En el análisis propuesto por Foucault, las reglas de formación se llevan a cabo en el discurso mismo, no en la mentalidad de cierto individuo o de cierto grupo de individuos en la historia.

En resumen, hemos visto cómo para analizar la formación de los objetos, es imposible anclarlos en las cosas ni referirlos al dominio de las palabras; también para analizar los tipos de formación enunciativa, no nos debemos centrar en el sujeto de conocimiento ni en una individualidad psicológica. De esta manera, al analizar la formación de los conceptos, no debemos volcarnos ni en el horizonte de la idealidad, ni en el aspecto más empírico de las ideas.

TERCERA PARTE. El enunciado y el archivo.

CAP. I. DEFINIR EL ENUNCIADO

Preparado por: Mariana Ruíz. UCSJ

► Foucault no ha concretado el significado de la palabra “discurso” y ha multiplicado sus sentidos, a saber:

  1. Dominio general de todos los enunciados

  2. Grupo individualizable de enunciados

  3. Práctica regulada que da cuenta de cierto números de enunciados

► Por el análisis del “discurso”, se ha perdido de vista el propio término del “enunciado”, quedando envuelto en la definición del discurso. Por tanto…

Objetivo = Definir el enunciado. Una primera aproximación: el enunciado es el átomo del discurso, la unidad elemental del discurso. Pero, se intentará responder a la siguiente cuestión: ¿el enunciado es idéntico al término proposición de los lógicos, a la frase de los gramáticos, o a los actos de habla de los analíticos? Entonces…

Desde el modelo de la lógica. La existencia del enunciado no depende de la estructura proposicional; ésta no es condición necesaria y suficiente de aquél. Puede haber enunciados distintos que pertenezcan a discursos diferentes, y en donde sólo se encuentra una proposición que obedece a un único conjunto de leyes de construcción y posibilidades de utilización, e. gr., “Nadie ha oído”, “Es cierto que nadie ha oído”, es la misma proposición. Pero como enunciados, estas formulaciones no son equivalentes ni intercambiables, ya que pertenecen a planos muy distintos dentro del discurso y a distintos grupos de enunciados. El contexto en el que se halla y la significación que adquiere los hace ser distintos —sus características enunciativas son distintas— aunque tengan la misma estructura proposicional. Por lo tanto, los criterios para definir una proposición no sirven para describir la unidad singular de un enunciado.

 

  1. Desde el modelo de la gramática. No hay equivalencia entre la frase y el enunciado. La definición de frase es muy amplia y laxa que confunde la autonomía del enunciado. Los enunciados no corresponden a la estructura lingüística de las frases. e. gr., la columna de las palabras: amo, amas, amat… no es una frase, sino el enunciado de diferentes flexiones personales del presente indicativo del verbo amare. Otros ejemplos de enunciados: un cuadro de clasificación de las especies botánicas, un árbol genealógico, un libro de contabilidad, las estimaciones de una balanza comercial, una ecuación de enésimo grado, la fórmula algebraica de la ley de la refracción, un gráfico, una curva de crecimiento, una pirámide de edades, forman enunciados.

 

  1. Desde el modelo del análisis. El enunciado no es un acto de habla o elocutorio. No hay correspondencia —no hay relación biunívoca— debido a que hace falta más de un enunciado para efectuar un acto de habla. Es decir, un juramento, plegaria, contrato, promesa, demostración, orden, decreto, compromiso, comprobación, exigen cierto número de fórmulas distintas o de frases separadas. El acto de habla no sirve para definir el enunciado, sino que debe ser el enunciado el que defina al acto de habla. Esto porque: en un acto de habla hay distintos enunciados formulados, yuxtapuestos, o separados. Por lo tanto, los actos de habla están constituidos por la serie o suma de enunciados y por su necesaria yuxtaposición.

 

Conclusión: desde estos 3 modelos no se puede definir el enunciado. Los criterios de estos modelos son tan amplios que unas veces, el enunciado se puede incrustar en ellos y ajustarse a sus criterios, pero otras veces, puede no obedecer estos criterios. Por consiguiente, su definición bajo estos modelos se convierte laxa y ambigua.

 

No obstante, aunque el enunciado sea indefinible bajo estos 3 modelos, éste se halla involucrado en tales modelos como el soporte o la sustancia accidental —el elemento residual—, i. e.:

 

  1. En el análisis lógico, el enunciado es lo que “queda”, cuando se ha extraído y definido la estructura de proposición.

 

  1. En el análisis gramatical, el enunciado es la serie de elementos lingüísticos en la que se puede reconocer o no la forma de una frase.

 

  1. En el análisis de los actos de habla, el enunciado es el cuerpo visible en que éstos se manifiestan.

 

► Existe un enunciado en cuanto existen varios signos yuxtapuestos. Pero, los enunciados no existen en el sentido en que una lengua existe, ni el sentido de un conjunto de signos definidos por sus reglas de utilización. Los signos que constituyen los elementos de la lengua, son formas que se imponen a los enunciados y los rigen desde el interior. Así, si no hubiese enunciados, no existiría la lengua, pero sólo en el sentido de tomar a la lengua como un sistema de construcción para enunciados posibles, o como la descripción obtenida sobre un conjunto de enunciados reales. Pero, de esto no se sigue que: la lengua y el enunciado estén al mismo nivel de existencia; por tanto, no es válido decir que hay enunciados, como se dice que hay lenguas.

 

► Ahora bien, Foucault presenta las siguientes consecuencias negativas de sus formulaciones anteriores:

 

  1. No se requiere una construcción lingüística regular para formar un enunciado —éste puede estar constituido por una serie de probabilidad mínima—.

 

  1. No basta cualquier efectuación material de elementos lingüísticos.

 

  1. No basta cualquier emergencia de signos en el tiempo y el espacio para que un enunciado aparezca y comience a existir.

 

  1. El enunciado no existe del mismo modo que la lengua.

 

  1. El enunciado no es una unidad del mismo género que la frase, la proposición o el acto de lenguaje. No nace de los mismos criterios, y tampoco es una unidad como lo es un objeto material que tiene sus límites e independencia.

 

► Sin embargo, el enunciadoes:

 

  1. Ni del todo lingüístico, ni exclusivamente material; es indispensable para que se pueda decir si hay o no frase, proposición, acto de habla; y para que se pueda decir si la frase es correcta, si la proposición es legítima y está bien formada, si el acto se ajusta a los requisitos y si ha sido efectuado por completo.

 

  1. El enunciado es una unidad tomada en un nexo lógico, gramatical o elocutorio.

 

  1. Es una función que se ejerce verticalmente con relación a diversas unidades —lógico, gramatical, elocutorio—, y que permite decir si están presenten en o no, una serie de signos.

 

  1. El enunciado si no es una estructura —un conjunto de relaciones entre elementos variables—, es, en cambio, una función que pertenece en propiedad a los signos y a partir de la cual se puede decidir, de qué son signos, y qué especie de acto se encuentra efectuado por su formulación —oral o escrita—.

 

Por lo tanto:

 

  • No hay criterios estructurales de unidad para el enunciado porque éste no es en sí mismo una unidad, sino una función que cruza un dominio de estructuras y de unidades posibles y que las hace aparecer, con contenidos concretos, en el tiempo y en el espacio.

 

► Esta función —en su ejercicio, condiciones, reglas y, campo en que se efectúa— es la que posteriormente describirá Foucault.

 

Conclusión:

 

► El enunciado abre un espacio relacional porque es una función que puede definir los modos de existencia, no ya de los contenidos, de las frases y las proposiciones, sino las condiciones de su aparición por el simple hecho de su existencia. El enunciado es, una función relacional que despliega un espacio que a su vez adopta tres formas distintas pero indisociables una de la otra.

 

► El enunciado no es un elemento fijo, sino que se re-escribe y se transforma mediante la práctica de la re-lectura, y la re-escritura. El enunciado puede ser actualizado en diversas prácticas discursivas —de lectura, escritura, enunciación—.

Cap. II. La Función Enunciativa

Preparado por: Verónica Gaxiola. UCSJ

 

El enunciado es el que hace existir a los grupos o conjuntos de signos y permite que las reglas de construcción se actualicen, tiene una existencia singular que no permite que se le confunda con un signo, en cuanto a los elementos que componen a una lengua.

 

Objetivo: es intentar indagar el modo singular de existencia peculiar de todas las series de signos, para que esta sea enunciada. Se divide para su estudio en cuatro aspectos o características.

 

 

a) Carácter enunciativo

b) Carácter dimensión toda formulación en tanto que enunciado

c) Carácter de la función enunciativa de dominio asociado.

d) Carácter de existencia material

 

  1. Carácter enunciativo.

 

Preguntas que plantea Foucault, ¿Qué ocurrido para que haya enunciado?

¿Qué puede tener de nuevo ese segundo conjunto?

¿ La reduplicación, el hecho de que sea una copia

respecto al primero?

¿La intervención de un sujeto?

 

La condición para que los signos pasen a ser enunciado es que tenga con otra cosa una relación específica que la concierna a ella misma, y no a su causa, no a sus elementos. Que se puede demostrar que la relación del enunciado con lo que se enuncia no es superponible a ninguna de esas relaciones.

Un nombre por ejemplo se define por su posibilidad de recurrencia. Un enunciado existe al margen de toda posibilidad de reaparecer; y la relación que mantiene con lo que enuncia no es idéntica a un conjunto de reglas de utilización.

¿Cómo es esa relación? Es una relación singular, puede ser la misma frase pero no el mismo enunciado.

No es tampoco como la proposición y su referente.

Un enunciado tiene frente a él un correlato, o una ausencia de correlato, como una proposición tiene un referente, como un nombre propio designa a un individuo. Está ligado más bien a un “referencial” que no está constituido por “cosas”, por “hechos”, por “realidades” y o por “seres”, sino por leyes de posibilidad, reglas de existencia para los objetos que en el se encuentran nombrados, designados o descritos, para las relaciones que en el se encuentran afirmadas o negadas. El referencial del enunciado forma el lugar, la condición, el campo de emergencia, la instancia de diferenciación de los individuos o de los objetos, de los estados de cosas y de las relaciones puestas en juego por el enunciado mismo; define las posibilidades de aparición y de delimitación de lo que da a la frase su sentido y a la proposición su valor de verdad, esto es el que da el carácter enunciativo de formulación, por oposición a su nivel gramatical y su nivel lógico. Por la relación con estos diversos dominios de posibilidad, el enunciado hace de un sintagma, (grupo, conjunto de palabras, grupo adverbial, grupo nominal, grupo preposicional, grupo verbal) de una serie de símbolos, una frase a la que se puede, o no asignar un sentido, una proposición que puede recibir, o no un valor de verdad. Este análisis no se hace de modo formal ni por una investigación semántica, ni por una verificación, sino por el análisis de las relaciones entre el enunciado y los espacios de diferenciación, en los que hace el mismo apareciendo las diferencias

 

  1. Carácter dimensión que caracteriza toda formulación en tanto que enunciado Un enunciado, se distingue de una serie cualquiera de elementos lingüísticos por el hecho de mantener con un sujeto una relación determinada. En primer lugar, porque el sujeto del enunciado no es interior al sintagma lingüístico, Segundo porque un enunciado que no comporta primera persona, tiene con todo u sujeto. Tercero todos los enunciados tienen una forma gramatical fija (ya sea en primera o segunda persona) no tienen un único tipo de relación con el sujeto del enunciado. No se concibe al sujeto del enunciado como idéntico al autor de la formulación. Ni sustancialmente, ni funcionalmente. Constituye una dimensión que caracteriza toda formulación en tanto que enunciado. Este es un rasgo de la función enunciativa y permite describirla. Si una proposición, una frase, un conjunto de signos pueden ser llamados “enunciados” no es en la medida en que ha habido, un día, alguien que los profiera o que dejara en alguna parte su rastro provisor; es en la medida que puede ser asignada la posición del sujeto. Describir una formulación en tanto que enunciado no consiste en analizar las relaciones entre el autor y lo que ha dicho, sino en determinar cual es la posición que puede y debe ocupar todo individuo para ser su sujeto.

La caracterización en toda formulación de un enunciado sus rasgos de definición depende de que. Exista un lugar que es determinado y vacío que ocupan individuos diferentes; es un lugar que no se define fijo y variable para siempre, alo largo de una obra, un libro, o un texto, varía o es lo bastante variable para poder, o bien mantenerse idéntico a sí mismo, a través de varias frases, o bien modificarse con cada una.

 

  1. Carácter de la función enunciativa de dominio asociado. Es un puro agregado de signos que no necesitarían para existir más que de un soporte material; superficie de inscripción, sustancia sonora, materia susceptible de recibir una forma incisión en hueco de unos trazos. Esto la distingue de la frase y de la proposición. La coexistencia enunciativa se destacan aun nivel autónomo y descriptible, las relaciones gramaticales entre frases, las relaciones lógicas entre proposiciones, las relaciones metalingüísticas entre un lenguaje objeto y aquel que define las reglas las relaciones retóricas entre grupos de frases. Se analizan estas relaciones sin tomar como tema el campo enunciativo mismo, es decir el dominio de coexistencia en el que se ejerce la función enunciativa. Pero no pueden existir y no son susceptibles de un análisis sino en la medida en que esas frases han sido “enunciadas”; en otros términos, en la medida en que se despliegan en un campo enunciado que les permita sucederse, ordenarse, coexistir y desempeñar un papel las unas con relación a las otras. El enunciado lejos de ser un principio de individualización de los conjuntos significantes, es lo que sitúa esas unidades significativas en un espacio en el que se multiplican y se acumulan. Este carácter no se ejercerse sin la existencia de un dominio asociado. De modo general puede decirse que una secuencia de elementos lingüísticos no es un enunciado más que en el caso de que esté inmersa en un campo enunciativo en el que aparece entonces como elemento singular. No hay enunciado, en general, enunciado libre, neutro o independiente, sino siempre un enunciado que forma parte de una serie o de un conjunto, que desempeña un papel en medio de los demás, que se apoya en ellos y se distingue de ellos; se incorpora siempre a un juego enunciativo, en el que tiene su parte, por ligera o ínfima que sea. El enunciado es lo que sitúa esas unidades significativas en un espacio en el que se multiplican y se acumulan.

 

  1. Carácter de existencia material.

 

Preguntas planteadas por Foucault: ¿ Podría hablarse de enunciado si no lo hubiese articulado una voz, si en una superficie no se inscribiesen sus signos, si no hubiese tomado cuerpo en un elemento sensible y si no hubiese dejado rastro –siquiera por unos instantes- en una memoria o en un espacio? ¿Podría hablarse de enunciado como de una figura ideal y silenciosa?

 

Para que una secuencia de elementos lingüísticos pueda ser considerada y analizada como un enunciado es que tenga existencia material. La constancia del enunciado, la conservación de su identidad a través de los acontecimientos singulares de las enunciaciones, sus desdoblamientos a través de la identidad de las formas, constituye la función de campo de utilización en que se encuentra inserto. El enunciado no debe ser tratado como un acontecimiento que se hubiese producido en un tiempo y en un lugar determinado y que fuese apenas posible recordar –y celebrar de lejos- en un acto de memoria. Tampoco es una forma ideal que se pueda siempre actualizar en un campo cualquiera, en un conjunto indiferente y en condiciones materiales que no importan. Mientras que una enunciación pueda ser reconstruida o re-evocada, mientras que una forma pueda ser reactualizada, el enunciado tiene la propiedad de poder ser repetido, pero siempre en condiciones estrictas. La materialidad repetible que caracteriza la función enunciativa hace aparecer al enunciado como un objeto específico y paradójico, pero como un objeto, a pesar de todo entre todos los que los hombres producen, manipulan utilizan, transforman, cambian combinan, descomponen y recomponen y eventualmente destruyen. En lugar de ser una cosa dicha de una vez para siempre. El enunciado a la vez que surge en su materialidad, aparece con un estatuto, entra en unas tramas, se sitúa en campos de utilización, se ofrece a traspasos y a modificaciones posibles, se integra en operaciones y estrategias donde su identidad se mantiene, o la pierde. El enunciado, sirve, se sustrae, permite o impide realizar un deseo, es dócil o rebelde a unos intereses, entra en el orden de las contiendas, y de las luchas, se convierte en tema de apropiación o de rivalidad.

¿Cuál es la materialidad propia del enunciado y que autoriza ciertos tipos singulares de repetición?

Sin duda no es una materialidad sensible, cualitativa, dada bajo la forma del color, del sonido o de la solidez y la cuadriculada por el mismo sistema de puntos de referencia espacio-temporal que el espacio perceptivo

 

Capítulo III. La descripción de los enunciados

Preparado por: Ana Ruiz Luna

Foucault en este apartado pretende acceder a una caracterización del enunciado para fundar una teoría del enunciado que permita definir cómo se agrupan, la manera en que son institucionalizados, etc. También pretende ajustar esta descripción del enunciado al análisis de las formaciones discursivas antes bosquejado. La finalidad de llevar a cabo el análisis es precisar el cómo de la “práctica discursiva”, esto implica la influencia que dicha práctica ha tenido a lo largo de la historia de las ideas.

Lo primero que hace Foucault es establecer diferencias en cuanto a los conceptos que se van a tratar. De esta manera:

Se entiende por actuación lingüística a todo el conjunto de signos producidos a partir de una lengua natural.

La formulación se refiere al acto individual en donde una persona hace aparecer un sistema de signos sobre una materia cualquiera y según una forma determinada.

Frase o proposición se entiende como las unidades que la gramática o la lógica reconocen en un conjunto de signos.

Se llamará enunciado a la modalidad de existencia propia de este conjunto de signos. Esta modalidad permite estar en relación con un dominio de objetos, estar relacionado con otras actuaciones verbales, etc.

Se entenderá discurso ya no como lo que había sido producido, sino como un conjunto de actos de formulación, como un conjunto de secuencias de signos (enunciados) a los cuales es posible asignar modalidades particulares de existencia. Por lo tanto, se podría definir al discurso como un conjunto de enunciados dependientes de un mismo sistema de formación (el discurso clínico, político, etc.,)

El análisis de los enunciados que Foucault lleva a cabo se refiere a un nivel especificado de descripción. No se refiere a un análisis gramatical de las frases, ni a un análisis psicológico o contextual de las frases o a un análisis lógico de las proposiciones.

El enunciado:

No es una unidad elemental: no puede ser aislado de una frase. Describir el enunciado no implica aislarlo, sino definir las condiciones en que ha llevado a cabo la función dentro de una serie de signos dotados de una existencia específica: relación con un dominio de objetos.

• No es una unidad cerrada, autónoma por sí misma, sino un elemento en un campo de coexistencia.

El enunciado no es inmediatamente visible: no se da de manera patente como una estructura gramatical o lógica. El enunciado es a la vez no visible y no oculto. No oculto, porque caracteriza las modalidades de existencia propias de un conjunto de signos producidos, ya que el análisis enunciativo tendrá que volcarse siempre en cosas dichas, en frases realmente pronunciadas o escritas: nivel de existencia.

No es visible: No se ofrece a la percepción, como portador manifiesto de sus límites. Es necesario volver la mirada para poder considerarlo y reconocerlo en sí mismo. Sin embargo el enunciado se deja ver en su proximidad, dado que no es una unidad marginal.

Podemos decir que el enunciado no es ni oculto ni visible, el nivel enunciativo está en el límite del lenguaje: no hay en él un conjunto de caracteres que se darían a la experiencia inmediata, pero tampoco hay detrás de él, algo enigmático y silencioso incapaz de ser mostrado.

Para lograr un análisis del enunciado es necesario suspender, en el examen del lenguaje, el punto de vista del significado y el significante, para hacer patente el hecho de que en relación con dominios de objetos y sujetos posibles hay lenguaje.

Al considerar al enunciado en sí mismo lo que se busca es hacer visible, y analizable, la próxima transparencia que constituye el elemento de su posibilidad. El análisis enunciativo debe de ir más allá de los análisis lingüísticos o lógicos. En este análisis se debe de levantar toda posible trascendentalidad en el análisis.

¿Cómo puede ajustarse la descripción de los enunciados al análisis de las formaciones discursivas ya descrito?

¿Se puede decir que el análisis de las descripciones discursivas es realmente una descripción de los enunciados? Foucault no pretende inferir el análisis de las formaciones discursivas a partir del enunciado ni viceversa, sino que pretende cómo pueden organizarse, sin arbitrariedad, los dominios enunciativos. La forma de proceder no es por medio de una deducción lineal, sino en círculos concéntricos. Foucault ha partido de la discontinuidad en el discurso y de la singularidad del enunciado para bosquejar lo que se podría entender por enunciado, sin construir un modelo teórico riguroso. Ha mostrado que el análisis de las formaciones discursivas se centra en una descripción del enunciado en su especificidad. En resumen, al examinar el enunciado ha descubierto que se trata de una función que se apoya sobre conjuntos de signos, que no se identifica ni con la aceptabilidad gramatical ni con la corrección lógica. Los enunciados agrupados dan por resultado una formación discursiva, éstas son actuaciones verbales que no están ligadas a partir de la gramática, lógica, semántica, sino a partir del enunciado.

Se puede decir que:

La localización de las formaciones discursivas trae a la luz el nivel del enunciado, mientras que la descripción de los enunciados conduce a la individualización de las formaciones discursivas: una lleva a la otra. El análisis del enunciado y el de la formación se hallan establecidos correlativamente.

• Un enunciado pertenece a una formación discursiva, pero mientras que la regularidad de la frase está determinada por las leyes de la lengua, y la de una proposición por las leyes de la lógica, la regularidad de los enunciados está definida por la misma formación discursiva.

El discurso podrá entenderse como un conjunto de enunciados que dependen de la misma formación discursiva. Está constituido por un número limitado de enunciados para los cuales puede definirse un conjunto de condiciones de existencia. El discurso entendido así no es una formación a-temporal e ideal

Se puede precisar la práctica discursiva al decir que es un conjunto de reglas anónimas, históricas, siempre determinadas en el tiempo y el espacio que han sido definidas en un época dada.

El proyecto futuro:

Después de haber volteado el análisis de las formaciones discursivas hacia el interior (enunciado), Foucault se volcará hacia el exterior, hacia el uso legítimo de estas nociones; hacia cómo pueden situarse en cierto dominio de la historia de las ideas.

CUARTA PARTE. La descripción arqueológica.

QUINTA PARTE. Conclusión.


2 comentarios to “LA ARQUEOLOGÍA DEL SABER”

  1. excelente analisis…me ha ayudado mucho… clarisimo

  2. QUE TAL BUENAS NOCHES, NECESITO LA CONTINUCION DE LA TERCERA PARTE Y LAS QUE SIGUEN, EN DONDE LAS PUEDO ENCONTRAR

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